Entrevista con José 


José ist mein Spanischlehrer und eine der ersten Bekanntschaften, die ich in Pana machen durfte. Mittlerweile ist er zu einem Freund und unsere Unterrichtsstunden eher zu Plauderstunden geworden.

Ich habe José gefragt, ob er bereit wäre, für meinen Blog Fragen zu seinem Leben, seiner Kindheit und seiner Heimat zu beantworten. Hier sind seine Antworten in der spanischen sowie darunter der ins Deutsche übersetzten Version: 


 

¿Quién eres?
Me llamo José Luis Garcia Coj, tengo 40 años y vivo con mi esposa y nuestros tres hijos en San Jorge La Laguna, un pueblo rural. Mi lengua materna es el kaqchikel (por parte de mi madre) y el español (por parte de mi padre). Además, hablo inglés, que aprendí de manera autodidacta.

¿Cómo describirías tu cultura y de qué manera está presente en tu vida cotidiana?
Mi cultura forma parte de nuestros ancestros mayas. ¿Y cómo vivo esta cultura? De muchas maneras: en la creencia en la energía, en la comida, en el respeto y en las relaciones dentro de la familia cercana.

¿Puedes explicarlo con más detalle?
Cada persona lleva algo de sus ancestros dentro de sí. Las personas indígenas que practican una religión —no importa cuál— siempre llevan en su interior la cultura o la creencia maya. Es algo a lo que uno pertenece: la identidad maya.
El respeto es un elemento central de la cultura maya. Por ejemplo, besar la mano de las personas mayores o quitarse el sombrero al saludar. También el respeto hacia la naturaleza: la tierra es la madre, la luna es la abuela, el sol es el abuelo y nosotros somos los hijos. Esto aplica independientemente de la religión que se practique.

Eres profesor de español.
¿Por qué elegiste esta profesión y qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

No elegí esta profesión de manera consciente. En nuestra región, aparte de estudiar contabilidad, la formación en educación era la única opción que existía para mí por los recursos de mi padre. La otra alternativa era trabajar en el campo o en la construcción, para lo cual no era necesario ir a la escuela. Decidí estudiar educación y terminé la escuela a los 18 años. Pero mi objetivo era estudiar en la universidad, estudiando medicina o tecnología.
Después tuve tres opciones laborales: aplicar para ser un maestro en una escuela pública, trabajar en una escuela privada o en una escuela de idiomas. Primero intenté ingresar a una escuela pública, pero para un solo puesto había entre 200 y 300 chicos que aplicaban para esa posición. Por eso me postulé en esta escuela de español. El problema era que necesitaba saber un poco de inglés, pero mis padres no tenían los recursos para pagar una formación adicional. Entonces yo aprendí por mí mismo. Empecé a trabajar en esta escuela con casi nada de inglés y era difícil comunicarme con los estudiantes, pero con los libros de gramática española yo poco a poco empecé a aprender y todavía estoy aprendiendo —también de mis propios estudiantes.
Ahora yo estoy feliz con el trabajo, porque en el camino yo aprendí mucho de mis estudiantes. La mayoría de mis estudiantes son educados. Es como estar en la universidad para mí: en la clase hay muchos temas de su trabajo, de su experiencia, de su cultura y de sus ideas. Es una puerta para mí para aprender varias culturas y aprender de muchos cerebros en el mundo.

Describe tu infancia en tres palabras:
Pobre
Trabajador
Mucha energía

¿Qué diferencias ves entre tu infancia y la infancia de tus hijos?
Mi infancia: crecimos en extrema pobreza, en una casa de bambú con techo de metal viejo. Vivíamos todos los ocho hijos en un cuarto, dormíamos donde mi madre cocinaba; íbamos a la escuela y, al mismo tiempo, empezamos a trabajar desde muy temprana edad. Aun así, siempre teníamos algunas horas para jugar con los amigos.
La infancia de mis hijos: ellos tienen casi todo lo que yo no tuve y que siempre hubiera deseado: videojuegos, ropa con sus personajes favoritos, ver películas en la habitación y, a veces, comer comida rápida. Cada uno de nuestros hijos tiene su propio cuarto y la posibilidad de estudiar lo que quiera estudiar.
Mi deseo fue no repetir la historia, sino romper este ciclo. Ese es el deseo de muchas personas indígenas de mi generación, porque los indígenas son las personas que sufrieron más en Guatemala por las desigualdades antes. Muchas puertas estaban cerradas para ellos en la sociedad, como el acceso a la educación. Eso ocurrió en la generación de mis abuelos. Por ejemplo, no se podía montar a caballo; era un privilegio reservado a los blancos.
Si hablamos de generaciones, podemos ver cambios desde mis bisabuelos hasta hoy. En la generación de mis padres era la guerra civil, cuando varios se sacrificaron para tener un cambio para la comunidad indígena en Guatemala.

¿Qué cambiará en los próximos años para las generaciones futuras?
Cuando mis hijos tengan hijos, creo que su vida será completamente diferente a la mía. Mi mayor preocupación es que pierdan nuestras raíces: el idioma, el respeto y las creencias. Para evitarlo, les cuento las historias tal como mi padre me las contó a mí y como mi abuelo se las contó a él, para mantener viva nuestra historia y nuestras raíces. Además, he intentado hablar el idioma maya con mis hijos. Mi hijo mayor lo habla; el menor lo entiende, pero no quiere hablarlo. Es su decisión.

¿Cómo han cambiado tu vida y tu entorno en los últimos diez años?
¿Cómo te ha influido el desarrollo de la región?

Aspectos positivos: por el acceso a varias áreas, como la comunicación (telefonía e internet), las carreteras, los servicios de salud, las escuelas y la infraestructura. Eso ha ayudado a las comunidades. Pero todavía en Guatemala existen comunidades a las que todavía no ha llegado todo ese desarrollo que tenemos nosotros ahora. Son comunidades muy remotas.
Aspectos negativos: el servicio de energía eléctrica ha sido un monopolio en Guatemala después de que el Estado lo vendió a una compañía privada. Por eso no funciona muy bien, hay interrupciones, el servicio es caro y falta la competencia.

¿Cómo imaginas a Guatemala dentro de diez años?
Con un presidente indígena. Sería un gran logro para nuestras raíces, porque por siglos no nos han permitido llegar a estar en el poder en Guatemala.

En tu opinión, ¿cuál es la situación del medio ambiente y la política ambiental en Guatemala?
En el pasado, nuestros abuelos utilizaban la mayoría de cosas orgánicas para llevar bebida o comida al campo, por ejemplo un tecomate, hojas de banano, etc. Ahora todo es en bolsas plásticas. La globalización afectó mucho a nuestro sistema tradicional. Falta educación ambiental, pero existe la convicción de que los cambios deben comenzar en la infancia. Los niños deberían aprender desde pequeños a través de los adultos.
En el caso de la ley ambiental en Guatemala, existe una ley que dice que todas las municipalidades deben clasificar la basura y deben tener plantas de tratamiento, pero muchas veces no lo han hecho. La Corte siempre ha dado amparos durante casi dos décadas con plazos postergados. Finalmente este gobierno ahora ha dicho: no más. Es hora de seguir la ley. Tengo confianza en este gobierno. Es un gobierno de jóvenes que piensa en el futuro y no solo en el presente, y que tiene la difícil tarea de reparar los daños causados por gobiernos anteriores.

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Wer bist du?
Ich heisse José Luis Garcia Coj, bin 40 Jahre alt und lebe mit meiner Ehefrau und unseren drei Kindern in San Jorge La Laguna, einem ländlichen Dorf. Meine Muttersprache ist Kaqchikel (von meiner Mutter) und Spanisch (von meinem Vater). Ausserdem spreche ich Englisch, das ich mir selbst beigebracht habe.

Wie würdest du deine Kultur beschreiben und auf welche Weise ist sie in deinem Alltag präsent?
Meine Kultur ist Teil unserer maya­ischen Vorfahren. Und wie lebe ich diese Kultur? Auf viele Arten: im Glauben an die Energie, im Essen, im Respekt und in den Beziehungen innerhalb der nahen Familie.

Kannst du das näher erklären?
Jede Person trägt immer etwas von seinen Vorfahren in sich. Indigene Menschen, die eine Religion praktizieren – egal welche –, tragen immer die maya­ische Kultur oder den Glauben in ihrem Inneren. Etwas, zu dem man gehört: die maya­ische Identität.
Der Respekt ist ein zentraler Bestandteil der maya­ischen Kultur. Zum Beispiel das Küssen der Hand älterer Menschen oder das Abnehmen des Hutes zur Begrüssung. Auch gegenüber der Natur: Die Erde ist die Mutter, der Mond die Grossmutter, die Sonne der Grossvater und wir sind die Kinder. Das gilt unabhängig davon, welche Religion man hat.

Du bist Spanischlehrer.
Warum hast du diesen Beruf gewählt und was gefällt dir am meisten an deiner Arbeit?

Ich habe diesen Beruf nicht bewusst gewählt. In unserer Region war es – abgesehen von einem Buchhaltungs-Studium– die einzige Ausbildungsmöglichkeit, die für mich aufgrund der finanziellen Situation meines Vaters in Frage kam. Die andere Option war die Arbeit auf dem Feld oder im Bauwesen, dafür musste man jedoch nicht zur Schule gehen. Ich entschied mich für eine Ausbildung im Bildungsbereich und schloss die Schule im Alter von 18 Jahren ab. Mein eigentliches Ziel war es jedoch, an der Universität Medizin oder Technologie zu studieren.
Danach hatte ich drei berufliche Möglichkeiten: mich als Lehrer an einer öffentlichen Schule zu bewerben, an einer privaten Schule oder an einer Sprachschule zu arbeiten. Zuerst bewarb ich mich an einer öffentlichen Schule, doch auf eine Stelle kamen 200–300 Bewerber. Deshalb bewarb ich mich an dieser Spanischschule. Das Problem war jedoch, dass ich ein wenig Englisch können musste. Meine Eltern hatten aber kein Geld, um eine weitere Ausbildung zu bezahlen. Also brachte ich mir Englisch selbst bei. Ich begann an dieser Schule zu arbeiten, obwohl ich kaum Englisch sprach, was die Kommunikation mit den Studierenden zunächst sehr schwierig machte. Mithilfe von Spanisch-Lehrmitteln, die für englischsprachige Lernende konzipiert waren und Englisch ins Spanische erklärten, eignete ich mir die Sprache nach und nach an. Bis heute lerne ich weiter – auch durch die Gespräche mit meinen eigenen Studierenden. Heute bin ich glücklich in meinem Beruf, weil ich auf diesem Weg viel von meinen Studierenden gelernt habe. Die meisten von ihnen sind gut ausgebildet. Für mich ist es wie an einer Universität zu sein: Im Unterricht kommen viele Themen aus ihrer Arbeit, ihren Erfahrungen, ihrer Kultur und ihren Ideen zur Sprache. Es ist für mich ein Zugang, um verschiedene Kulturen kennenzulernen und von vielen klugen Köpfen aus der ganzen Welt zu lernen.

Beschreibe deine Kindheit in drei Worten:
Arm
Arbeiter
Viel Energie

Welche Unterschiede siehst du zwischen deiner Kindheit und der Kindheit deiner Kinder?
Meine Kindheit: Wir wuchsen in extremer Armut auf, in einem Haus aus Bambus mit einem Wellblechdach. Alle acht Kinder lebten in einem einzigen Raum. Wir schliefen dort, wo unsere Mutter kochte, wir gingen zur Schule und gleichzeitig arbeiteten wir schon sehr früh. Trotzdem hatten wir immer ein paar Stunden Zeit, um mit Freunden zu spielen.
Die Kindheit meiner Kinder: Sie haben fast alles, was ich in meiner Kindheit nicht hatte und mir immer gewünscht hätte: Videospiele, Kleidung mit Lieblingcharakteren, Filme im eigenen Zimmer gucken, manchmal Fast Food essen. Jedes unserer Kinder hat sein eigenes Zimmer und die Möglichkeit, das zu studieren, was es studieren möchte.
Mein Wunsch war es, die Geschichte nicht zu wiederholen, sondern diesen Kreislauf zu durchbrechen. Das ist der Wunsch vieler indigener Menschen meiner Generation, denn indigene Menschen waren in Guatemala früher am stärksten von Ungleichheit betroffen. Ihnen waren viele Türen in der Gesellschaft verschlossen, etwa der Zugang zur Schule. Das war in der Generation meiner Grosseltern. Zum Beispiel durfte man kein Pferd reiten – das war ein Privileg der Weissen.
Wenn wir über Generationen sprechen, sehen wir Veränderungen von meinen Urgrosseltern bis heute. In der Generation meiner Eltern herrschte der Bürgerkrieg, in dem viele ihr Leben opferten, um Veränderungen für die indigene Gemeinschaft in Guatemala zu erreichen.

Was wird sich in den kommenden Jahren für zukünftige Generationen verändern?
Wenn meine Kinder selbst Kinder haben, denke ich, dass ihr Leben völlig anders sein wird als meines. Meine Sorge ist, dass sie unsere Wurzeln verlieren: die Sprache, den Respekt und die Glaubensvorstellungen. Um das zu verhindern, erzähle ich meinen Kindern die Geschichten so, wie mein Vater sie mir erzählt hat und wie mein Grossvater sie erzählt hat, um unsere Geschichte und unsere Wurzeln zu bewahren. Ausserdem habe ich versucht, mit meinen Kindern die maya­ische Sprache zu sprechen. Mein ältester Sohn spricht sie, mein jüngerer versteht sie zwar, möchte sie aber nicht sprechen. Das ist seine Entscheidung.

Wie haben sich dein Leben und dein Umfeld in den letzten zehn Jahren verändert? Wie hat dich die Entwicklung der Region beeinflusst?
Positiv: der Zugang zu vielen Bereichen hat sich verbessert – Kommunikation (Telefonie und Internet), Strassen, mehr Gesundheitsdienste, mehr Schulen, mehr Infrastruktur. Das hat den Gemeinschaften geholfen. Dennoch gibt es in Guatemala weiterhin Ortschaften, die von dieser Entwicklung noch nicht erreicht wurden. Vor allem Dörfer in sehr abgelegenen Regionen.
Negativ: Die Stromversorgung ist in Guatemala zu einem Monopol geworden, nachdem der Staat sie an ein privates Unternehmen verkauft hat. Deshalb funktioniert sie nicht zuverlässig, es gibt häufige Unterbrechungen, der Service ist teuer und es fehlt an Wettbewerb.

Wie stellst du dir Guatemala in zehn Jahren vor?
Mit einem indigenen Präsidenten. Das wäre ein grosser Erfolg unserer Wurzeln, denn über Jahrhunderte hinweg wurde uns verwehrt, politische Macht in Guatemala auszuüben.

Und die letzte Frage, die mich wundernimmt: Wie beurteilst du die Situation der Umwelt und die Umweltpolitik in Guatemala?
Früher nutzten unsere Grosseltern überwiegend organische Materialien, um Getränke oder Essen mit aufs Feld zu nehmen, zum Beispiel Kalebassen (getrocknete und ausgehöhlte Kürbisse) oder Bananenblätter. Heute wird fast alles in Plastiktüten verpackt. Die Globalisierung hat unser traditionelles System stark beeinflusst. Das führte unter anderem zur Verschmutzung von Flüssen und Seen. Es mangelt an Umweltbildung. Es besteht die Überzeugung, dass Veränderungen bereits in der Kindheit ansetzen müssen. Kinder sollten von klein auf von den Erwachsenen lernen.
Was das Umweltrecht in Guatemala betrifft, gibt es ein Gesetz, das vorschreibt, dass alle Gemeinden ihren Abfall trennen und Klär- bzw. Behandlungsanlagen betreiben müssen. Oft wurde dies jedoch nicht umgesetzt. Das Gericht hat über fast zwei Jahrzehnte hinweg Aufschübe gewährt. Schliesslich hat die jetzige Regierung gesagt: Schluss damit. Jetzt ist es Zeit, das Gesetz umzusetzen. Ich habe Vertrauen in diese Regierung. Es ist eine Regierung junger Menschen, die an die Zukunft denkt und nicht nur an die Gegenwart. Sie hat die schwierige Aufgabe, die Schäden früherer Regierungen beheben zu müssen.